Treinta troncos de madera flotan sobre las aguas del río Cayapas, al norte de Esmeraldas. Juntos forman una figura rectangular que se asemeja a las embarcaciones que se utilizaban en la época aborigen, para ir de pesca.
Esta imagen se transforna conforme la madera se aproxima a uno de los improvisados muelles que existen en la parroquia de Borbón, del cantón Eloy Alfaro. Los troncos, de más de 10 metros de tamaño, lucen demasiado separados como para tratarse de un medio de transporte antiguo.
Están atados en sus extremos con gruesas sogas y los arrastra una lancha de fibra de vidrio. “Se trata de madera comercial. Las compran las empresas madereras para la industria de la construcción”, dice uno de los transeúntes que cruza por el lugar.
La lancha se estaciona junto al muelle. Su conductor, Augurio Montaño, baja y se coloca junto a ella. Minutos después un comprador de madera se le acerca.
Le ofrece USD 1,5 por cada metro cúbico de madera; esto es unos USD 17 por árbol. Montaño acepta y cierra el negocio. Recibe USD 510 por sus 30 árboles. El comprador se retira, mientras Montaño aclara que no toda esta suma es ganancia. “Me quedan USD 200, lo demás se emplea en compra de combustible y materiales para talar.
A veces las personas creen que ganamos millones, pero es mentira. El verdadero negocio es de las madereras”.
Esto último lo comprueba un estudio realizado por el proyecto Subir, de Care Internacional, desarrollado en el 2000. Allí se establece que el mayor rédito económico es para las industrias que procesan el recurso forestal.
En ese entonces al dueño de un árbol, en Esmeraldas, se le pagaban USD 16 por una troza de cuatro metros cúbicos. De ella, la industria obtiene dos tríplex (contrachapado) de tres metros cúbicos y cada uno se comercializa en USD 459. “Lo que significa que el 98,4% de las ganancias se lleva la industria maderera, el 1,1% o los taladores y el 0,5 %, el Estado en impuestos”. En la actualidad esta relación desfavorable para los campesinos se mantiene.
El comprador de madera vuelve al sitio, pero esta vez acompañado de un tráiler. Con la ayuda de una maquinaria parecida a una grúa monta los troncos al automotor.
Al terminar, sube al tráiler y sale del sitio. Toma la vía Panamericana Norte y se enrumba hacia Imbabura. En esta carretera es común observar a este tipo de vehículos cargados de trosas.
Muchas de esas trozas son producto de la tala de bosque primario, según denuncia Líder Góngora, de la Coordinadora Nacional para la Defensa del Ecosistema Manglar (C-Condem).
“En el país se tala un promedio de 198 000 hectáreas de bosque húmedo tropical por año. Cerca de 25 000 provienen de Esmeraldas y al menos 18 000 de la zona norte, de los cantones San Lorenzo y Eloy Alfaro”, asegura.
La focalización de la zona tiene una explicación. En estos dos cantones se localiza la mayor parte de áreas forestales del país.
Está la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas, la Reserva Forestal Awa y la Reserva Ecológica Cayapas-Mataje.
En sus entrañas, según el estudio ‘Deforestación en el norte de Esmeraldas’, de Pablo Minda, existen alrededor de 6 300 especies de flora, de las cuales al menos 1 200 son endémicas (exclusivas de la zona).
También 650 especies de aves y 500 especies forestales, de las cuales 230 son consideradas potencialmente comerciales. De ahí el interés de las empresas madereras de operar en la zona.
Según la Dirección Provincial del Ministerio del Ambiente, son cinco las empresas que explotan el recurso forestal en el norte: Endesa-Botrosa, Setraford, Arboriente, Codesa y Plywood, las cuales han recibido duras críticas por la forma en que desarrollan su actividad.
La gente, sin réditos
Según el INEC, existen 33 000 habitantes en el cantón Eloy Alfaro. Al menos el 80% vive de la madera. “Si el decreto se da, todas estas personas se quedan en la calle. Fue una medida apresurada”, dice Richard Mina, alcalde del cantón Eloy Alfaro.
Las principales especies de madera que se comercializan desde Esmeraldas son el chanul, cedro, sande y guayacán. Se utilizan en la industria de la construcción.
Diario El Comercio
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